Cambio climático: recuperar el debate (?)

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Da gusto, a la vista del articulo Ed-Op de Le Monde, empezar a no sentirse uno tan solo en esto de intentar poner cordura en la ola de populismo y “manipulación” (incluidos menores de edad) en el tema del cambio climático, sus poses y sus repercusiones mediáticas. Sin ánimo de ofender a nadie, y sin discutir que de seguro hay serios problemas medioambientales que deben ser afrontados.

Ojo que es un articulo en Le Monde. La gente empieza a perder el miedo a decir las verdades del barquero. Aunque nos esperan dos semanas de aupa con la ONU y sus jornadas de discusión. Esperemos que más gente pierda el miedo a decir cosas con sentido común que van en contra de la corriente dominante y excluyente, del cambio climático. A más discusión, más luz. Aunque dado el “estado de cosas” no sé si será posible reconducir la situación para tener un verdadero debate cientifico.

Que conste que en este articulo lo único que se analiza y comenta es la utilización (publicitaria totalmente, opinión personal, barco hjgh tech propiedad de la familia monegasca, a lo que parece) como ejemplo general comparativo de barcos frente a aviones de cara a huella de CO2 y a repercusiones económicas en general de dicho modelo propuesto.

A propaganda no se puede responder con razones a la vista del siguiente articulo de respuesta /?). Ver más abajo. Yo personalmente no tengo nada en contra de Greta de Arco, pero ¿qué diría la izquierda si la derecha reaccionaria sacara niños a la calle para reclamar el NO-aborto? o cualquier otro movimiento contrario a sus planteamientos generales (caso Brexit en UK por ser defendido por conservadores “reaccionarios” frente a laboristas que nadie tiene muy claro que quieren más allá de hacerse con el gobierno, movilizando las calles, por ejemplo, dónde hoy el mismo medio titula “A Londres, des milliers de manifestants ont défilé contre un « abus de démocratie »”, tal cual… ¡Abuso de la democracia!)

Britain Greta Thunberg

Climate change activist Greta Thunberg waves from the Malizia II boat off Plymouth, England, Wednesday, Aug. 14, 2019. The 16-year-old climate change activist who has inspired student protests around the world is leaving Plymouth, England, bound for New York in a high-tech but low-comfort sailboat.(AP Photo)

 

Lo digo porque el mismo medio poco después a través de un articulista, entiendo “habitual”, despliega una columna típica al uso llena de clichés y de demagogia defensiva-ofensiva (es mi opinión, pues “acusa” a los que no opinan como él de modo generalizado, gratuito y sin argumentos). De este modo no hay quién puede establecer un debate serio alrededor de este tema. Dejo el enlace, un corto extracto e tres párrafos y su traducción. Que cada uno saque sus conclusiones. Yo no diré más. Extracto y traducción después.

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Pourtant, malgré le caractère plus que tangible du changement en cours, la conversation publique est toujours envahie par de nouvelles formes de déni. Souvenez-vous. Lorsque la question climatique a commencé à se frayer une petite place dans les grands médias, la première forme de scepticisme a consisté à en nier la réalité. De véritable réchauffement, il n’y avait pas : les mesures étaient prétendument imprécises et les stations météorologiques, gagnées par l’urbanisation, affichaient toutes des températures exagérées. C’était bien évidemment faux.

Campagne de dénigrement contre Greta Thunberg

Cet argument tombé, il fallut en trouver un autre. Certes, le réchauffement était réel, mais il n’était pas le fait des activités humaines, ou alors de manière marginale. La preuve, selon les sceptiques ? Alors que les émissions de gaz à effet de serre se poursuivaient à bride abattue, ne voyait-on pas une stagnation des températures à partir de 1998 ? S’il n’y avait même plus corrélation, comment pouvait-il y avoir causalité ? Ce nouveau sophisme mis à bas, il fallut chercher autre chose. Certes, le réchauffement était réel, certes il était bien le fait des activités humaines, mais il était sans gravité. Cet élément de langage a aussi fait long feu.

Les sceptiques n’ont pas renoncé. Mais ils ont revêtu des habits neufs. Ce ne sont plus des arguments qui sont attaqués, mais les personnalités qui incarnent et qui portent la mobilisation contre le réchauffement. Fin juillet, alors qu’elle devait être entendue par l’Assemblée nationale, la jeune militante suédoise Greta Thunberg a essuyé une campagne de dénigrement d’une violence inouïe, lancée par quelques journaux et personnalités médiatiques, amplifiée par la méchanceté gratuite, anonyme et grégaire des réseaux sociaux.

 

Sin embargo, a pesar del carácter más que tangible del cambio en curso, la conversación pública siempre está invadida por nuevas formas de negación. Recordemos. Cuando el tema del clima comenzó a abrirse camino en los medios de comunicación, la primera forma de escepticismo fue negar la realidad. No había calentamiento real: las mediciones eran supuestamente imprecisas y las estaciones meteorológicas, modificadas por la urbanización, tenían temperaturas exageradas. Obviamente estaban mal.

Campaña contra la denigración Marcos Loureiro Linnaeus

Este argumento cayó, era necesario encontrar otro. Ciertamente, el calentamiento era real, pero no por el hecho de las actividades humanas, o solo marginalmente. ¿La prueba, según los escépticos? Si bien las emisiones de gases de efecto invernadero continuaron disminuyendo  ¿no vimos un estancamiento de las temperaturas a partir de 1998? Aunque hubiera correlación, ¿cómo podría haber causalidad? Una nueva falacia, era necesario buscar otra cosa. Ciertamente, el calentamiento era real, y ciertamente era por las actividades humanas, pero no era tan grave. Este discurso también ha fracasado.

Los escépticos no se han rendido. Pero se pusieron ropa nueva. Ya no se atacan los argumentos, sino las personalidades que encarnan y llevan la movilización contra el calentamiento global. A finales de julio, cuando la Asamblea Nacional [francesa] debía escucharla, la joven activista sueca Greta Thunberg [16 años] se sometió a una campaña de desprestigio de violencia increíble, lanzada por algunos periódicos y personalidades de los medios, amplificada por la maldad gratuita, anónima y gregaria de las redes sociales.

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