DISCURSO DE NAVIDAD 2016

Gracias a todos por estar aquí.

Hoy, de nuevo, me atrevo a brindaros la penúltima página de nuestro libro viajero del año, el personal, el de cada uno. Hoy seré un poco más no habitual de lo normal, y puede que hasta un poco mas atemporal. Permitídmelo en esta ocasión, fuera de los lugares comunes de la Navidad, o tal vez no. De hecho, este discurso final de año comenzó a pincharme allá por principios de diciembre.

Podemos celebrar de muchos modos estas fechas. Algunos por ser Navidad y Reyes Magos. Algunos por ser el cierre del año y vacaciones. Algunos por ser el solsticio de Invierno. O sea, que uno puede ser mas espiritual, materialista o místico en ello. Místico es el sobrenombre que alguno me ha puesto este año. Lo agradezco si ese es el papel que me toca jugar en el equipo.

Recuerdo conversaciones, preguntas y luchas, que me hicieron pensar, Navidad tbilisi 2016en la posterior soledad de mi castillo interior. Gracias por esos contactos y conversaciones sinceras. En cada contacto nos probamos y refutamos, avanzamos cada uno a nuestro paso y manera. El tiempo me ha enseñado a respetar eso. Confiamos en el amigo, y es curioso que terminamos también por confiar de algún modo en el enemigo. El fuego amigo nos duele muy dentro por inesperado, y lo respetamos sinceramente si ha sido hecho sin malicia ni manipulación. El fuego enemigo nos muestra de modo muy descarnado nuestras debilidades, prestos a guarecer nuestros flancos descubiertos. Nos hace avanzar más rápido, reaccionar acerados. No digo que nos hagan falta enemigos. Empiezo a creer que no hay ni amigos ni enemigos , solo barcos que avanzan en medio del oleaje de la vida, y que todo depende de cómo enfoquemos el “problema”, pues ya no sólo estoy hablando de personas, sino también de sucesos.

A este respecto recuerdo una conversación, muy oportuna para el colofón del año. El tema derivó en mi idea de que nadie nos recordará por mucho tiempo, ni tan siquiera los más cercanos. Que nos duela es un puro tema de ego, y duele, duele un horror. Casi no recordamos a reyes, grandes generales, grandes sabios, o exploradores, o artistas. ¿quién de los aquí presentes sabe quiénes fueron sus ocho bisabuelos y lo que hicieron? No, se terminará por olvidarnos, más tarde o más temprano. Así me sobrecogió Carrillo, el dirigente del Partido Comunista en España, en una entrevista al final de su vida. Él opinaba exactamente así.

Eso no quiere decir que sea nihilista en la vida, ni partidario del todo vale, ni partidario de un hedonismo de tierra quemada. No lo soy. Aunque parezca una paradoja, creo que todo lo que hacemos tiene un reflejo en la eternidad.

Aprender a vivir es aprender a morir, dicen. Lo contrario también es cierto, puede que más: aprender a morir es aprender a vivir. Algo que expuso muy bien Jobs en su conferencia en Stanford. No fue el primero en decirlo, ni mucho menos. Pero en reconociendo que nuestra luz se puede apagar en cualquier momento, no podemos vivir permanentemente en ese pensamiento, es mórbido. La vida es acción, es verbo. La vida es movimiento, es roce.

Y no sólo nosotros mismos nos podemos apagar en cualquier momento y hemos de estar preparados para ello; nuestros seres más queridos y apreciados también pueden apagarse en un repente. Puede que sea el último abrazo que le des a tu padre. Puede que sea el ultimo beso que le das a tu mujer o a tus hijos. Puede que sea el último hasta luego que des a cualquiera. Cualquier cosa puede ser la última vez, o la ÚNICA vez. Nuestras vidas siempre penden de un hilo, como la espada sobre la cabeza del sabio. La vida es un juego de todo o nada, de súbito cierre. Todo cambia aún siendo lo mismo. Porque la vida, como la guerra, es un juego a vida o muerte. Y en siéndolo, todo es fútil y pasajero. ¡Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son! ¡Que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar!

Vamos creciendo, madurando de algún modo, envejeciendo, y todos  terminamos por reconocer, muy íntimamente, que cada momento es único, que cada persona es única, que cada problema es único. Y la vida debe ser hecha, como decía Ortega, a pesar de todo, por encima de todo. Cada verso, cada beso, cada palabra, cada gesto. Apreciar cada momento cómo se no es dado, pues somos… tiempo. Tiempo que huye y se desvanece. Tiempo que influye en otros sin nosotros saberlo. Muescas en la culata de un cuerpo que se disolverá en la nada, sí, cicatrices. Y también, débil candela que dejará rastros sobre los que otros andarán, o andan, o andamos, puede que sin saberlo.

Todos somos faros que brillamos de algún modo en algún promontorio solitario y alejado. Todos. Y lo hacemos con mayor o menor luz. Todos somos especiales y únicos. Todos somos como el resto, y también somos prescindibles. Otra bonita paradoja ésta. Pero no dejamos de iluminar aunque no sepamos a qué barco lo hacemos, o ni tan siquiera sabiendo que lo hacemos, iluminar. Es ese “colaborar con un verso” que decía Whitman. ¡cuánto me acuerdo de Whitman y Kipling! ¡cuánto! Y lo también curioso es que no sabemos que verso de nuestro poema influirá en otros.

Y sin embargo digo, la vida es acción, son planes, son anhelos. No hay otro modo de hacer acción. Pero pensando en ello, dejadme hacer notar una cosa. La acción sin pensamiento, todos los que aquí estamos sabemos que es… cuando menos, peligrosa. Y pensar sin aplicar, es inútil. Aunque esto que he dicho no es cierto del todo. No tengo la culpa de que las cosas sean así de complicadas.

Por tanto hagamos planes, vayámonos arriba, no dejemos que nadie nos lamine, nos esclavice, nos atemorice, nos diga lo que podemos y no podemos hacer. El futuro está abierto, siempre, no es cerrado. No dejemos que nos convenzan de que el futuro es cerrado. Cierto que no depende al 100 % de nuestras acciones y modo de verlo, pero esto influye, e influye mucho.

En este desierto asolado que va ya para diez años en nuestro sector en España, hemos perdido y ganado mucho. Sé que cuesta ver lo que hemos ganado, lo sé, pero también sé que lo hay. Aferrarnos al pasado no nos dará un futuro. Olvidemos y sigamos andando. ¡Como si nada! No podemos re-escribir nuestras agendas, ni re-vivirlas. Vivimos en el mundo que se nos ha dado hoy, que nos ha tocado en suerte hoy. ¡así son los toros!. Nuestra responsabilidad es vivirlo lo mejor que sepamos y podamos. Y esa obligación responsable es nuestra y de nadie más. Estamos solos en eso, en todas y cada una de las noches que nos vamos a dormir. En todas y cada una de las mañanas que nos despertamos de nuevo.

Más que NO ser ingenuos en un mundo de lobos, creo mas que se trata de intentar lo que creemos que hay que intentar. No estoy de acuerdo con el maestro Yoda en esto. No se trata tanto de hacerlo o de no hacerlo. Creo que se trata sin duda de intentarlo. Eso si, con todas las ganas, y repetidamente si hiciera falta, pues la vida esta llena de consecuencias imprevistas, y de factores externos no controlados. Pero siempre en mente que nada de lo que hacemos es inútil, nada.

¡En garde! Estocar, y parar, y retroceder, y avanzar, y fintar. Presta la mano al arpegio y al verso. Presta la mano a desenfundar.

Avanzad. Remad. Seguid. Hay tiempos de tormenta y lucha. Hay tiempos de holganza y diversión. Todo  son puros ciclos en nuestra vidas, en las vidas de los demás y en la vida en general. Ciclos fuera de nuestro control, mayormente. Pero eso no quiere decir que todo sea inútil, que no podamos hacer nada. Nada es inútil. Ni la misma nada es inútil. Llamadlo libre albedrio, llamadlo destino, llamadlo sino o dioses. Llamadlo como queráis. De nada sirve negar, no podemos rechazar. Lo queramos o no hay que beberse el cáliz amargo, el aceite de ricino.  Por tanto, por tanto, ver, pensar y actuar. No hay más. ¡Suerte y al toro!

En mi país de acogida, Georgia, en las comidas de francachela (en dónde puede que haya sólo dos personas, eso no importa), se hacen una serie de brindis que se llaman “tamada”. Le he terminado por coger un sentido y un gusto, a mi modo. Se brinda haciendo un pequeño speech improvisado. Más o menos los temas están establecidos por tradición e incluso me parece que tienen un orden. Se brinda por Dios, por la patria, por los muertos, por la paz, por la familia, por los niños, por las madres y mujeres, por los ancestros, por la tradición, por el futuro,…Es un modo de hacerse consciente de este devenir pasajero, fútil, y agradecerlo. Normalmente se acaba bastante tocado. La bebida es lo que tiene. Compañeros de francachela, compañeros de batalla, de camino, de viaje, de singladura.

Tamada, así se llama cada brindis.

Recuerdo ahora conversaciones, lecturas, situaciones, personas,… tiempo vivido este año, y sin ser todas reconfortantes debo darles las gracias. Gracias a la gente, viva o muerta, por su llegada a mi mundo este año,… Gracias enormes a mi gente más cercana… Gracias humildes a la gente de mi país de acogida… Gracias agradecidas a la empresa que me paga mi autoestima por intentar ser útil… Gracias al viento que sopla en mis velas… Gracias a la calma chicha que me devuelve la humildad… ¡ GRACIAS !

Gracias a todos por compartir vuestro tiempo vital conmigo, por habernos encontrado juntos en el camino de la vida, en la lucha vital de la trinchera, o en el campo abierto y a pecho descubierto. Porque todos aprendemos de todos: el maestro del alumno y el alumno del maestro; el niño del padre y el padre del niño. Siempre polos distintos que se atraen y se interfieren. Y yo he aprendido de todos y cada uno de vosotros, aunque no lo creáis, y ni yo mismo lo creyese en su momento. ¡ GRACIAS !

Sois importantes, todos y cada uno, mis importantes. Sois buena gente, todos y cada uno, mi buena gente.

Sé que hacéis lo que podéis, lo que está a vuestro alcance, lo que consideráis adecuado… YO no os pido más… sólo que luchemos cada bendito día y que se asuma, con el debido respeto, la responsabilidad por ello. Que nadie se rinda en esta batalla diaria. Levantarse de nuevo tras cada caída.

Pensad, pensemos, en el futuro con mente abierta, y en el pasado con ecuanimidad desprendida. Perdonadnos, a nosotros mismos. Sí. Por fallar en alcanzar nuestras propias exigencias, por incumplir nuestros planes. Perdonemos a los desleales, Whitman de nuevo. Yo el más desleal de todos, como remataba el mismo tío Wilt. El más incoherente de todos. Pues todos somos imperfectos. Comenzar de nuevo, una y otra vez. Enderezar el timón, una y otra vez.

Disfrutemos de nuestros seres más queridos, hagámoslo siempre, pero en estas fechas aprovechemos más. No hay nada cursi, ni sentimentaloide en ello. Por impuesto que nos parezca, que más da… viene una buena ola… cojámosla…

Copa en alto…

¡Por todos vosotros!

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

¡ GRACIAS !

 

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Acerca de jesus

Civil Engineer and thinker about the life this and that, here and there and over there.
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